martes, 1 de mayo de 2012

Al Faro



El parque es nuevo. Llegan el ruido, los juegos, los perros, la niña descalza que aún no entiende las estaciones. Arriba, abajo, la niña y su padre. Allá, acá, los perros y la pelota. El río está cerca, callado, cortina de una pareja que se acaricia. Esta tarde sólo se presiente el otoño a leves ráfagas. Otros años me he entristecido, pero la risa de la niña también florece en mi boca.
El faro es pequeño y tiene una historia corta si hablamos de blancos, pero es una cicatriz en el tiempo del sueño si nos hablaran los muertos. El otoño está en el acantilado hace semanas, hace frío frente al mar. La ciudad está lejos y callada, cortina del hombre que se va feliz con su pesca. Mañana es luna llena.


Esta tierra es vieja. ¿Cuánta muerte toma destruir una cueva? Un hueco en un hueco no es un concepto surrealista; es otra cicatriz que los ojos nuevos no ven. Río arriba volvemos sobre nuestros pasos en silencio. La niña y los perros están cansados, listos para la cena.

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