Leer esta historia es saltar al vacío con los ojos cerrados. El vértigo de la caída es sostenido y no por ello hay sosiego. Se sabe que el resultado final es inevitable, pero no es posible calcular qué tan fuerte será el golpe.
Las revelaciones que nos hace la niña de doce años no alcanzan a ser tan escalofriantes como la frialdad con que las narra. Hay casi un desdobalmiento: una niña siente, descubre, rechaza o acepta, se burla y odia; la otra observa en la distancia y toma nota con indiferencia casi médica.
La naturaleza del tema es también compleja. El despertar sexual, ¿es una experiencia que nos da o nos quita? Unica Zürn presenta los polos del placer y el dolor -tanto físico como mental- con todos sus colores, dejando poco o nada a la imaginación y esta intensidad de sentimiento resulta enceguecedora. Es verdaderamente difícil responder al planteamiento de Zürn sin tener que revelarme a mí misma: me parece que, en una especie de metadiscurso, hay una provocación tácita de parte de la autora hacia el lector: "¿te atreves?", o más bien, "¡a que no te atreves!"
Siendo la inciación y las fantasías sexuales experiencias tan íntimas, habrá una gama muy amplia de interpretación del libro. Una vez más me parece que hay cierta invitación al reto: la manera explícita, casi agresiva, en que la autora aborda el tema se superpone a la reacción del individuo, celoso de resguardar su espacio más oculto, tal vez más temido. Ha sido una manera brillante de tocar un tema universal y asegurarse una gama inimaginable de colores como respuesta.
A pesar del sentimiento de aprehensión, me voy a hacer con El hombre jazmín apenas pueda. La locura, después de todo, tiene un negro encanto.
Para el reto Escritoras Únicas.



