jueves, 11 de diciembre de 2014

Primavera Sombría, Unica Zürn

Leer esta historia es saltar al vacío con los ojos cerrados. El vértigo de la caída es sostenido y no por ello hay sosiego. Se sabe que el resultado final es inevitable, pero no es posible calcular qué tan fuerte será el golpe.

Las revelaciones que nos hace la niña de doce años no alcanzan a ser tan escalofriantes como la frialdad con que las narra. Hay casi un desdobalmiento: una niña siente, descubre, rechaza o acepta, se burla y odia; la otra observa en la distancia y toma nota con indiferencia casi médica.

La naturaleza del tema es también compleja. El despertar sexual, ¿es una experiencia que nos da o nos quita? Unica Zürn presenta los polos del placer y el dolor -tanto físico como mental- con todos sus colores, dejando poco o nada a la imaginación y esta intensidad de sentimiento resulta enceguecedora. Es verdaderamente difícil responder al planteamiento de Zürn sin tener que revelarme a mí misma: me parece que, en una especie de metadiscurso, hay una provocación tácita de parte de la autora hacia el lector: "¿te atreves?", o más bien, "¡a que no te atreves!"

Siendo la inciación y las fantasías sexuales experiencias tan íntimas, habrá una gama muy amplia de interpretación del libro. Una vez más me parece que hay cierta invitación al reto: la manera explícita, casi agresiva, en que la autora aborda el tema se superpone a la reacción del individuo, celoso de resguardar su espacio más oculto, tal vez más temido. Ha sido una manera brillante de tocar un tema universal y asegurarse una gama inimaginable de colores como respuesta.

A pesar del sentimiento de aprehensión, me voy a hacer con El hombre jazmín apenas pueda. La locura, después de todo, tiene un negro encanto.

Para el reto Escritoras Únicas.

sábado, 6 de diciembre de 2014

A veces te pienso, poeta,

y me canta en la memoria
el secreto de tu risa
esa risa tuya que florece y se trepa

(un árbol
un árbol rebelde que no se deja cortar)

pienso en tus guerras libradas
en tus causas perdidas
para las que siempre hay bandera

te busco en aquellos versos
un caballo, un ángel
una mujer ligera
un cutis abierto a la playa

imposible imaginarte triste
a pesar de tus muertos
a pesar de su estela

¿sabes, poeta,
tus libros no se quedaron en mi orilla
y viajan conmigo
de puerto en puerta?

a veces te pienso, poeta,
cuando un hombre abandona un caracol
cuando un niño lo encuentra.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Domesticidad

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No puedo dormir pensando en el infortunio de la pobre criaturita, se ve que sufre (tal vez es que estoy sensible con el vino). Al volver de la cena con María, me ha recibido Jorge con una de sus felices extravagancias: ha comprado un búho. Todos saben de su apego a los animales y su tendencia a decir que sí a casi cualquier cosa a casi cualquier hora; es lo más natural que se lo hubieran ofrecido a él. ¡Es tan lindo! (¡Me refiero al búho!) Claro que me produce escozor moral lo de tener pájaros enjaulados, pero éste ha llegado con la tragedia de un disparo en el ala. ¡Bang!, y en su afán por poseer lo que admira, el hombre ha destruído una vez más lo que era hermoso. Fifi no tiene la menor curiosidad por él. Lo hemos puesto en la mesa del comedor por miedo a que los

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Los niños estaban emocionadísimos y

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Esta mañana tendía la ropa y al colocar la cesta en la baranda del balcón, ¡horror!, había una lagartija muerta, tendida al sol, lista para la comida de Ojotes. Jorge ha debido advertírmelo al menos, sabe que tengo nervios sensibles. Ahora con el búho en la mesa no he podido devolverle a María el gesto de la cena, ni siquiera para un breve té. ¿Qué irá a pensar?

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¡Tengo tanto sueño! Anoche (¡más bien esta mañana!) llegó Jorge con otra sorpresa: es una gatita (la he llamado Kitty). Está muy flaca la pobre y no tendrá dos meses, pero le sobra valor, no se asustó con Fifí que puso tan salvaje al verla que tuve que encerrarla en mi cuarto. Ojotes ni parpadeó. Jorge y yo tomamos vino hasta tarde y yo me reí mucho pensando que esto es un tanto Frida Kahlo. Tal vez deberíamos procurarnos un monito, ¿no completaría muy bien el cuadro?

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Fifí, en sus celos por Kitty, ha ido demasiado lejos y ha hecho lo impensable: se ha masticado mi cubrecamas, el blanco, el que tejió mi abuela a ganchillo y heredé de mamá con la condición de pasarlo a mi hija mayor que, suponiendo que tenga una hija, ha perdido ya parte de su patrimonio familiar. Imposible zurcirlo ni remendarlo. Estoy tan deprimida que de monitos,

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Kitty comprende mi desconsuelo. Hoy que lloraba sentada en el piso, abrazándome las rodillas, ha metido su hocico por debajo de los brazos y me ha tocado suavemente la mejilla. Me he sentido mejor. La Fifí no sé donde andará desde que la espanté del cuarto a punta de almohadazos.

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planificado mudar a Ojotes a mi peinadora para poder invitar a María a un almuerzo, y ahora he tenido que cancelar todo. No sólo Kitty ha mordisqueado el pastel de espinacas en el mesón de la cocina y derribado la botella de Pinot Noir, sino que al oler la caca de Ojotes, le ha parecido

en la mesa, ¡horror de horrores! Cómo extraño a Juliana, que se sabía toda clase de trucos para pulir, desmanchar y

He probado hasta con perfume, pero no puedo sacar el olor. Me temo que hemos perdido el comedor para siempre.

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porque me muero de sueño. ¡Si Fifí y Kitty no se llevaran como perros y gatos! ¡Si tan sólo Ojotes ululara de día y no de noche! ¿Tal vez está tratando de comunicarse con su propio reflejo? Después de escribir y terminar el vinito me parece que debería desmontar el espejo.

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Es mejor escribir aquí, con Ojotes de regreso al comedor, Fifí en la sala y Kitty, a mi pesar, en el cuarto de los niños. ¡De ninguna manera iba yo a permitir

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Jorge no le perdona a Kitty lo del

ni María me perdona a mí la falta de

pero los niños se han puesto tristísimos.

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¡Fifí y Kitty han

pobre Ojotes, ahí, inmóvil!

botellas de vino!

sábado, 29 de noviembre de 2014

Collar de perlas


Fotografía: Susan Colpich

Generalmente del feminismo es definido como un movimiento que busca igualar el estatus social de la mujer con el del hombre. Tradicionalmente el hombre como opresor es quien se ha opuesto a la idea y los cambios. En este texto pretendo partir del principio que esta etapa ha sido superada -si bien no es del todo cierto- y me preocupo por las consecuencias de dichos cambios.

Tengo la teoría de que en la civilización occidental las mujeres son las peopres enemigas de las mujeres. Para comenzar, se nos sigue vendiendo la idea de que las mujeres somos heroínas natas, con capacidades infinitas de toda índole. Cada habilidad es una perla tan preciosa como la otra. Sin embargo la columna vertebral de la idea, el hilo que hace posible armar el collar, es la capacidad para hacer malabares entre la vida laboral, la vida familiar, las tareas del hogar, el cuidado físico, el apetito sexual y usted nómbrelo. Todo ello con una sonrisa beata en el rostro que indica la perenne disposición de la dueña a hacerlo todo más hermoso y más llevadero cuando se presentan las dificultades. Ese ha sido, después de todo, el rol femenino durante siglos.

Pues bien. Me niego a llevar el hermoso collar de perlas de esta nueva esclavitud y renuncio a todos sus laureles, que no hacen sino continuar premiando la abnegación femenina, esa misma virtud tan continuamente admirada por los (y especialmente por las) que no tienen que sufrirla.

Pero, ¿por qué es tabú manifestar este descontento?

Parece ser que al dársele a la mujer la posibilidad de estar socialmente a la par con el hombre -lo cual es una falacia, de todas maneras- se le han otorgado estos privilegios bajo ciertas condiciones: la imposibilidad de la renuncia es una de ellas. Ideas del tipo "las otras no se quejan, no puedo quejarme yo" o "si las otras pueden, también puedo yo" me vienen a la mente. Existe un miedo tácito en la mujer a convertirse en la única débil de la manada, una especie de hembra omega. A mi juicio la tensión entre las propias mujeres por alcanzar la excelencia en todos los aspectos de la vida es un gran obstáculo a derribar, creado por nosotras mismas y es un fenómeno que no percibo entre los hombres. Este afán, creo, viene de la ansiedad de quere afirmar una posición social todavía incierta. Sabemos que no altera la posición social de un hombre comenzar una familia y su identidad ha estado siempre claramente definida; es la mujer quien enfrenta el cambio de su papel tradicional.

Atreverse a decir que las mujeres en realidad no pueden tenerlo todo; pretender derribar un mito forjado en una lucha sin tregua; querer ejercer el derecho individual y adoptar un estilo de vida que se aleja de las metas propuestas por el colectivo, parece ser considerado un acto de traición y el castigo para este crimen es cargar con el estigma de la estupidez. Sistemáticamente la capacidad intelectual de una mujer que elige dedicarse a su hogar y sus hijos -aunque sea temporalmente- queda en entredicho. Aparentemente nos sentamos en el sofá todo el día a ver televisión -cuando no estamos pelando cebollas o engordando a punta de chocolates- y nuestra única ambición en la vida es complacer a los demás. Atrás quedan los diplomas, los años de estudio, los trabajos publicados,  los proyectos dirigidos, los viajes hechos, los libros leídos: una identidad (ama de casa) reemplaza a la otra (mujer inteligente) y el fenómeno de la tan ensalzada fusión, el principio de tenerlo todo, se queda sólo en la teoria. Yo misma soy culpable de haber juzgado a otra mujer bajo este lente, antes, cuando no estaba casada ni tenía hijos y no tenía idea de las muchas disyuntivas a las que tendría -tengo- que enfrentarme a a diario.

A pesar de sentir que he encontrado un balance que me hace feliz, todavía me sorprende tener que defender mi elección y vivir en este estado de desconcierto en el que constantemente tengo que probarme a mí misma frente a las otras. Como si no fuera suficiente enfrentar el hecho de que cruzar el umbral de la maternidad no tiene vuelta atrás y la identidad queda parcialmente disuelta. ¿Por qué es un tabú reconocer estas verdades? ¿Por qué las mujeres se mienten a sí mismas y entre sí mismas? ¿Por qué se dice en susurros que a veces es verdaderamente difícil darle todo a los hijos constantemente, que a veces se tienen ganas de correr de regreso a la soltería?  Hay un temor inmenso a parecer como una mala madre o como que no se ama lo suficiente o del modo absoluto que se espera. Como si no fuera necesario apoyarnos las unas a las otras y comprender en su verdadera extensión -sin ideales rancios de abnegación decimonónica- la naturaleza compleja del amor conyugal y filial, hasta ahora percibidos como valores eternos, inalterables y con la capacidad de colmarlo todo, cuando en realidad no pueden llenar el inmenso espacio personal al que la hembra forzosamente termina renunciando en un silencio que raya en el martirio. ¿Por qué?

martes, 25 de noviembre de 2014

Las Mariposas


Existieron tres mariposas: 
una amaba a Dios, 
la otra a un hombre, 
la última la libertad.

Todas tuvieron el vientre lleno, 
ahora de hijos, 
ahora de esperanzas.

A las mariposas les robaron el aleteo 
por temor al vendaval de su vuelo.

Que no llore la tierra: 
aún se canta poesía,
 ahora es que nos queda cielo.

*

Amén de mariposas

Hoy, veinticinco de noviembre

sábado, 15 de noviembre de 2014

Pedro Páramo, Juan Rulfo

Esta ha sido una relectura de reconciliación. Hubo un tiempo, debo confesarlo, en el que me exasperaba que el realismo mágico fuera la única corriente literaria sobresaliente en América Latina. De jovencita, viviendo en la ciudad y con miras a emigrar, me horrorizaba que la única realidad reflejada en las grandes novelas fuera la de la miseria, el calor, los caminos polvorientos del campo, la ignorancia y la superstición. Pensaba, sedienta, que nuestra realidad estaba hecha de algo más, con cara al futuro.

Desde esta orilla, sin embargo, tengo otra prespectiva: una que, sin encontrarle la buena cara al futuro, atesora el pasado. Así, Comala me parece cualquier otro pueblo de mi infancia, y Abundio bien podría ser Pablito y Damiana la Señora Onofre y Susana pasaría a ser Rosita. En Comala se rezan novenarios; en San Juan de los Morros también.

Poco tengo que decir de Pedro Páramo y los demás fantasmas de Comala, aparte de admirar la precisión de historias e imágenes con que el lienzo fue tejido por Juan Rulfo: un lienzo que es, al mismo tiempo, espejo de millones. He ahí la reconciliación. Acepto que no puedo hablar de Pedro Páramo sin hablar de mí misma. Yo, a mi manera, tengo también un arsenal de cuentos, personajes y experiencias de mi infancia que a la larga se han convertido en mi Comala personal: voces que me acarician el sueño cada noche antes de quedarme dormida.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Caracas

Arde la cuidad en la cárcel de su valle, arde el cerro que la arropa.

Tras el cerro arden las playas con sus pescadores; uno tejía sus redes, el otro reposaba en las rocas.

Arden los corales con sus peces y más allá las bromelias de la selva con sus flores en el vientre.

Arden los trinos y el rugido, la risa y el quejido.

Arden las montañas en su cordillera y los ríos con sus venas.

Arde el germen de la tierra, arden los hijos de las aves y no puede llorar en paz el cielo: en el horizonte cantan enloquecidas treinta millones de liras.