sábado, 12 de enero de 2013

Carta de Fanny


Aquí están algunas fotos de una carta enviada por mi amiga Fanny del blog Fanny Harms. Me encantaría publicar toda la carta porque es linda de pies a cabeza en forma y contenido, pero, claro, son cosas privadas :)

Aquí están unos detallitos lindísimos, pintados con acuarela y con cariño.

Gracias, Fanny, abrazos!

jueves, 10 de enero de 2013

Linduras de Lidia


Y bien. Había contado en un post anterior que mi amiga Lidia del blog Cafés en Solitario me había enviado unas preciosuras que me alcanzaron en Australia justo antes de salir y se vinieron en mi maleta. Tenía las fotos tomadas hace meses y ahora que estoy conectada de nuevo, tengo el inmenso placer de mostrarlas acá.

Muchas gracias, Lidia, tu paquete me alegró mucho la partida.

En otro post les cuento sobre una carta muy especial que también recibí antes de salir de viaje.

lunes, 7 de enero de 2013

inédita


esta tarde no traigo heraldos
gaviotas, cruces o puertos
tampoco cuadernos de viaje
lo que soy no alcanza palabras
estos pasos me han traído a una orilla
ordinaria
desvalijada
por qué el pecho hueco
la memoria y la nostalgia
hermanas de la almohada
por qué
el pan recién horneado
la vida en orden
el futuro en ascuas
yo sólo buscaba un manantial

sábado, 5 de enero de 2013

Lo confieso

Han sido cuatro larguísimos meses sin teléfono o internet en mi casa, hasta ayer. Se acabaron las excursiones que implican manejar hasta el centro por quince minutos para gastar diez dólares en un almuerzo que incluye conexión a internet via iPad. Se acabaron las casillas para llamadas internacionales cerradas en Navidad y Año Nuevo. ¡Bravo!

De momento mi nueva casa está instalada a medias, algunos cables cuelgan por aquí y por allá, algunos cuadros siguen en las gavetas: en fin, algunas cosas siguen al revés.

Otras se han ido para bien, otras vienen en camino.

Lo confieso, seis semanas viviendo de una maleta, sin trabajo ni estudio ni computador ni TV fueron un reto que me obligó a detenerme, pensar, actuar y crear de una manera diferente. He estado muy doméstica. Lo que puedan imaginarse, lo he cocinado: curry, pasticho, gazpacho, galletas, tortas, pies, pan, granola, experimentos sin gluten. La cocina es una arte que disfruto más de lo que me doy cuenta y creo que voy a comenzar a incluir posts aquí.

El blog va a cambiar un poco en aspecto y contenido; creo que habrá otras cosas aparte de literatura y fotografía: más diseño, un poco de cocina, anécdotas sobre Palau. En fin, este tiempo me ha dado chance de pensar en muchos planes, y luego del atraso en estos cuatro meses al fin parece que todo comienza a andar. ¡Estoy tan contenta de volver a mi blog!

Por ahora, aquí van las primeras pocas fotos de Palau (¡tanto esperar internet y me agarró desprevenida!).











jueves, 1 de noviembre de 2012

Alicia se levantó

Alicia se levantó, una con el alba. Con la ligereza de una madre cansada se preparó un café furtivo, sin ruido de cafetera, tazas o cucharitas: hubiera podido ser la esposa perfecta para Oliverio,  con la manera que tenía de volar por las mañanas entre la cocina, la ducha, el ropero y la sala, sin perturbar el sueño de la pequeña Lola desparramada en la cama. Alicia se maquillaba con excesivo cuidado, tratando de distraer la mente del evento que la esperaba hoy. Casi pegada al espejo miraba, al delinearlo, los detalles de su ojo derecho, la pupila azul, las salpicaduras coloreadas del iris (bien podría haberse tratado de una galaxia en miniatura, pensó). Terminada la línea negra y las cavilaciones siderales, se incorporó a contemplar el resultado –y el resultado fue el codo a la taza, el estruendo de la taza al piso, el piso sucio de café y porcelana rota y el llanto de Lola. Bravo, Alicia, bravo, pensó, debatiendo se entre el desastre del piso y el desastre de la niña despierta antes de su hora.

Eventualmente se decidió por Lola y su avena en la sillita alta, Lola y sus canturreos de pajarito sin lenguaje. Luego se apuró a limpiar el piso; estos minutos no estaban incluidos en la rutina diaria y hoy, precisamente hoy, necesitaba llegar a tiempo.

Mientras repetían sus gestos, del otro lado del reflejo,  las ideas, los sueños, la intuición, los deja vu, los fantasmas de Alicia contemplaban a Alicia, su preocupación por parecer descansada cuando en realidad estaba exhausta de los años de hacer maromas entre trabajo, universidad, marido –cuando lo tenía– y ahora la pequeña Lola. Alicia encendió el cigarrillo con el fervor de una oración, como si con el humo se desvanecerían unos cuantos problemas de mas. Todavía le tocaba llevar a Lola a la guardería, evadir el tráfico (ya era tarde), hacer su presentación y, de salir viva, hacer las compras de la semana. En su gesto de fumar había culpa, ¿Por que siempre tan culpable, Alicia? –preguntaba el reflejo sin voz. De algo habrá que morirse, pensaba Alicia cada vez, ya sé, fumar no es bueno, la salud y bla bla bla, pero al diablo –se decía poniendo el cigarrillo en el cenicero, dando ahora los últimos toques al cabello.

Lolita gruñó un poco en su sillita (era su manera infantil e irresistible de avisarle a mamá que hacía falta a su lado) y Alicia se dio un último vistazo antes de atender al llamado, tropezando con su mano el cigarrillo que al caer en el vestido de poliéster causó un incendio alrededor de su cuerpo. A pesar del inminente pánico, el reflejo devolvía una imagen serena. No tomará mucho tiempo Alicia, antes de que cruces el espejo.

lunes, 29 de octubre de 2012

De cartas, aviones y barcos

Hace casi un mes desde que por fin tocamos puerto.

La vida todavía esta en división, algunas piezas por aquí y por allá,  cajas y maletas, holas y adioses, cerrar y abrir, despedidas y bienvenidas, el final y el comienzo. Tendría que haber empacado los Cuatro Cuartetos en mi equipaje.

Pero no, los libros son una terrible metáfora cuando hay que mudar la vida y cambiar de país.

Como mis palabras están enjauladas me he dedicado a la domesticación y mi blog ha estado así, calladito en el rincón al lado del libro de turno (que en este caso resulta ser de Virginia Woolf). Hasta hoy. Ahora que ya el ancla esta echada como quien dice,  es hora de ir rompiendo el silencio: a barrer los pedacitos debajo de la alfombra y a seguir escribiendo (y cuando llegue el computador habrá que editar este post para añadir las fotos y los links de rigor, el iPad me esta comiendo el coco de momento pero me moría por escribir y dar noticias!)

Antes de salir de Australia tuve dos alegrías inmensas que me hicieron sonreír en días de absoluta locura.

Fanny del blog fannyharms me escribió una carta lindisima, llena de colores y detalles por todas las esquinas. Fue muy divertido abrirla (me sentí como si estaba desenvolviendo un 
regalo) y fue muy grato leerla y verla.

A los pocos días me sorprendió un paquete muy especial de Lidia del blog cafesensolitarios con detalles preciosos para mi niña Maya y para mi, hechos a mano y se nota que con mucho cariño.

Que alegría que las cartas no pesan en las maletas! Las dos las tengo conmigo y releerlas hoy me ha hecho despertar del letargo de la mudanza. Si, internet es muy lento acá, no tengo mi computador aun... Pero siempre hay excusas y siempre hay maneras también. Así que escribo de nuevo. Que las palabras también hagan de la mía su casa.

Les escribo pronto a ambas.

De momento estaré publicando posts de vez en cuando a medida que internet y la falta de computador lo permitan pero pasaran algunas semanas antes de que pueda visitar a blogs amigos. Se les quiere, se les extraña y se les agradece mucho las visitas y comentarios. Besitos desde Palau.

martes, 11 de septiembre de 2012

Ssshhh


Pasa. Los amigos dejan notas, unas semanas a Francia (a veces no, a veces la muerte se aparece en verano). La vida sigue en todas las orillas, con sus archivos, sus noticias y sus fotografías, sus diarios hechos ceniza.

Pasa, hay tiendas abiertas los domingos de febrero ante los pasos indolentes del vagabundo. Las niñas buenas hacen el amor, dicen una mentira blanca, se hacen la señal de la cruz y mañana será otro día.

Pasa. Se piensa en el perro flaco, los muebles repujados, de cuero, oscuros, dormidos. Las paredes desnudas tienen su quejido personal, reclaman como la criatura hambrienta buscando a ciegas el pecho tibio. No hay libros a la mano, hasta los poemas se han escondido de esta locura.

Pasa, el recuerdo ligero de la maleta rasgada, una semana tarde en el hangar abierto. Pasan las rosas alemanas, los vuelos perdidos, la plaza en medio del mar, España, las tardes sin escribir, el vientre concebido.

Pasa. Este silencio. Esta espera. Estas paredes. Estas ganas. Este miedo. Esta voz pequeña halándome las faldas. Esta vigilia. Este día y esta noche. Otra vez lo digo. Este silencio.